El 28 de abril de 2025 quedó marcado en nuestro calendario no solo por la oscuridad, sino por el silencio digital. Ese lunes, a las 12:33 h, la península ibérica se fue a «cero absoluto». No fue un fallo progresivo, sino una desconexión en cascada que dejó a España y Portugal sin electricidad en segundos.
Un corte eléctrico generalizado sacudió la región, recordándonos lo dependientes que somos de la energía para estar conectados. Hoy, un año después, echamos la vista atrás para entender qué ocurrió y cómo hemos fortalecido nuestras defensas.
Así lo vivimos: Crónica desde nuestras oficinas
Estábamos trabajando en la oficina cuando, de repente, se fue la luz. La reacción fue instantánea: dos de nuestros técnicos salieron corriendo, uno al cuarto de racks y otro a revisar los automáticos de electricidad. Los SAIs estaban en marcha, pero no había suministro.
Salimos a la puerta para comprobar si nuestros vecinos estaban igual y nos los encontramos tratando de averiguar lo mismo que nosotros. Entonces comenzaron a sonar los móviles. Mensajes de clientes y compañeros desde Madrid hasta Portugal: «Perdona, no te puedo mandar esto, nos hemos quedado sin luz». En pocos minutos fuimos conscientes de que el fallo era total en toda la península.
Varios de nuestros técnicos salieron corriendo hacia nuestros centros de datos. La situación allí era desigual: el datacenter principal funcionaba correctamente con el grupo electrógeno, pero el secundario dependía de los SAIs. Vivimos momentos de verdadera angustia. No sabíamos cuánto iba a durar el apagón y éramos conscientes de que las baterías del centro secundario no nos darían demasiado margen. Priorizamos mantener en marcha el principal mientras íbamos apagando los servicios no esenciales del secundario para alargar la vida de sus SAIs.
En Donostia, el apagón duró alrededor de una hora. Pero, tras recuperar la luz, la batalla no terminó: nos vimos afectados por la caída de elementos ajenos a nuestra red que vimos cómo «morían» poco a poco por falta de respaldo. Afortunadamente, gracias a esa intervención rápida, fuimos capaces de mantener el servicio en todo momento.
¿Qué hemos hecho desde entonces?
No nos limitamos a sobrevivir al apagón; aprendimos de nuestras debilidades. Durante este último año, hemos ejecutado un plan de inversión técnica basado en esa experiencia:
- Infraestructura de energía: Hemos ampliado nuestro grupo electrógeno y los sistemas de respaldo para garantizar autonomías mucho más holgadas.
- Capacidad técnica: Ampliamos nuestra capacidad de proceso y almacenamiento para que la vuelta al servicio tras un incidente sea inmediata.
- Redundancia de red: Hemos reforzado nuestros anillos de fibra en Donostia y Pamplona.
- Compromiso con la seguridad: Nos hemos adherido a la Red Nacional de SOC, conectando nuestra red al centro de operaciones de seguridad de Secure IT para una vigilancia 24/7.
Hoy somos más fuertes que hace un año. Aquel 24 de abril nos enseñó que la tecnología es robusta, pero que la verdadera diferencia la marca un equipo humano capaz de correr hacia el problema cuando todo el mundo se queda a oscuras.
Imatel, conectados contigo.

