He encontrado un recorte de periódico. La fecha marca el 15 de marzo de 1994.
En la página 5 un anuncio de mi empresa, de nuestra empresa: Imatel.
Lo miro y siento el vértigo de los más de 30 años que han pasado. Pero lo que más me golpea, lo que me hace decir «madre mía, qué viejos somos», es un detalle minúsculo en el pie del anuncio:
Nuestro número de teléfono no tiene prefijo. Bueno, nuestro antiguo número de teléfono porque, con el cambio de pulsos a tonos tuvimos que cambiarlo. ¿Os acordáis cuando se marcaba por pulsos o tonos p/t?
Ahí está el número . Seis cifras 277133. Desnudas. Sin el prefijo provincial delante. Porque en 1994, el mundo era local. Si nos llamabas, eras de aquí.
Imatel, los guardianes del cobre
En aquel 1994, Imatel se dedicaba a la «instalación, venta y mantenimiento de equipos telefónicos». Suena técnico, pero permitidme que os traduzca qué significaba eso realmente:
- David contra Goliat: Solo existía «La Compañía» (Telefónica). Eran el monopolio absoluto. Nosotros éramos los que entrábamos en las oficinas y en las casas para hacer que esa línea funcionara de verdad para el usuario.
- La voz tenía peso: La voz viajaba por hilos de cobre. Físicos, tangibles. Nosotros tirábamos esos cables, grapábamos las líneas a los rodapiés y conectábamos centralitas que hacían «clac-clac» cuando pasaban una llamada.
- La magia de la cinta: ¿Os acordáis de los contestadores? No eran un buzón de voz en la nube. Eran aparatos con una cinta de cassette (o microcassette) dentro. Si se iba la luz o se atascaba la cinta, adiós mensaje. Y ahí estábamos nosotros, vendiendo y reparando esas pequeñas maravillas mecánicas.
Vivir sin la Red
Hoy parece ciencia ficción, pero en aquel Imatel de 1994 no vendíamos routers. No configurábamos WiFi.
No imaginábamos cómo era la vida sin internet porque la vida ERA sin internet.
Si querías hablar con un cliente, le llamabas al fijo (atado a la pared por un cable rizado). Si no estaba, dejabas recado. No había móviles en los bolsillos vibrando cada dos segundos. No había correos electrónicos exigiendo respuesta inmediata.
Las urgencias eran distintas. La paciencia era distinta.
Conclusión
Ver este recorte de Imatel es ver de dónde venimos. Somos de una época donde la tecnología se tocaba, se reparaba con destornillador y tenía un sonido analógico.
Somos tan viejos que recordamos los números de teléfono de nuestros mejores clientes de memoria, sin prefijos y sin agenda digital. Y ¿sabéis qué? Fue una época maravillosa para trabajar conectando a la gente.
¡Cuánto ha llovido! ¡Cuánto han cambiado las cosas!
Y aquí seguimos…

